El apasionante libro de Alex Ross El ruido eterno (The Rest is Noise es el título original) comienza un día de 1906 en Graz, Austria, donde los consagrados y los aspirantes de la escena musical de la época van a escuchar el estreno de Salome, de Richard Strauss. Gustav Mahler, Arnold Schönberg (aún escribía así su apellido) con su séquito y, tal vez, Adolf Hitler esperan con impaciencia el comienzo de una obra de la que se oyen rumores extraños y atrayentes. Y es que esta partitura áspera, disonante y sensual marca el arranque de la música del s. XX y el principio de la ruptura entre el público y la música "seria". La gente sale del teatro con sentimientos encontrados: ¿es esto la nueva música, esta mezcla de ruido y escabrosidad? Por su parte, los más jóvenes y osados ven una señalización del camino a seguir. El entusiasmo contagioso del libro de Ross empuja a escuchar la música que él tanto disfruta, haciendo un esfuerzo ante las ingratitudes de una música que chirría al oído desentrenado pero que luego ofrece un inagotable caudal de gozos. Para los curiosos (o, como yo, para los convencidos) enlazo el vídeo de la ópera completa, con subtítulos en inglés, dirigida por Karl Böhm. Bendito sea Youtube.