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jueves, 16 de agosto de 2012

Libros, películas y homicidios


En JotDown contribuyo a la magnífica serie El libro que leería durante la película que no puedo perderme comentando el reportaje del gran David Simon, Homicidio, y el thriller coreano Memories of Murder, dos trabajos que se complementan muy bien en su tratamiento realista del trabajo policial, muy alejado de la literaturización que es moneda corriente.

viernes, 1 de junio de 2012

El placer de la lectura. Y nada más que el placer


Gracias al ínclito José Antonio Montano pude ver por fin el programa de Apostrophes dedicado a Vladimir Nabokov. El gran escritor ruso se explayó sobre su vida y obra, sobre política, mariposas o sobre la fecunda promiscuidad con los varios idiomas que manejaba. El odio que cultivaba hacia las imprecisiones le hacía solicitar las preguntas de las entrevistas por anticipado: si uno se fija en el vídeo comprueba que Nabokov lee todas las respuestas. Eso sí, ocultando coquetamente tras un parapeto de libros las fichas que traía preparadas.

La pasión de miniaturista de Nabokov llenaba sus párrafos con infinidad de detalles referentes a otros tantos aspectos sensitivos o intelectuales. Esta minuciosidad estaba perfectamente calculada y buscaba causar un efecto muy determinado en el lector: que éste recrease exactamente la misma experiencia que había vivido el autor. Como señala Zadie Smith, nabokoviana confesa, en uno de los ensayos de su excelente Cambiar de idea, el ruso tenía una actitud un tanto despótica con los que se acercaban a sus libros: él empleaba todo su arte y se tomaba infinidad de molestias para darle vida a una escena de una forma muy concreta. Por ello, cualquier lectura que se apartase de su intención era errónea.

Cuando uno se encara con alguna de las novelas de Nabokov, esta exigencia se vuelve completamente razonable. La tremenda inventiva verbal y la viveza de las situaciones vuelven un auténtico gozo la inmersión en su prosa. El que acepta su juego y, con ello, sus normas no sale defraudado. Pero exige un esfuerzo correspondiente al que él mismo ha empleado y no todos los lectores están dispuestos a ello. La mayoría tiende más bien a la pereza del best-seller y a la papilla del tópico.

En ¡Despidan a esos desgraciados! Jack Green escribió, refiriéndose a Los reconocimentos, de William Gaddis, y a sus atolondrados críticos:

"El autor tiene derecho a escribir como le venga en gana, ¡que se joda el lector medio!". (pág 122)

Lo mismo que espetó David Simon a los que se quejaban de la complejidad de The Wire (no sé si lo tomó del libro de Green o fue cosecha propia). Todos estos autores son acusados a menudo de autocomplacientes, de regodearse en la dificultad gratuita, de querer humillar al lector con exhibiciones de cultura y de alambicamiento (aunque algo de eso hay en Ada o el ardor, Lucette me perdone). Muy al contrario, lo que autores de esta raza pretenden es poner al lector en un plano de completa igualdad. Nada del mínimo común del más ignorante sino el orgullosos despliegue de la inteligencia, el uso de toda técnica que sea necesaria para plasmar la propia visión, el esfuerzo de expresar una sensibilidad de forma íntegra, abarcándolo todo. Todo ello solo al alcance de los valientes, de los que saben disfrutar de la carnalidad de la frase, de la música palpitante del periodo, de la mirada que se clava como un cuchillo en el vientre de la realidad. Todo ello por el placer de crear y por disfrutar de la creación.

Y ahora Nabokov por él mismo, con subtítulos en castellano. ¡Dentro vídeo!

lunes, 28 de febrero de 2011

"The Wire": todas las piezas importan

Baltimore. Sólo lo que importa puede hacer daño y a David Simon le duele Baltimore. Le duele la corrupción endémica de la casta política, pendiente únicamente del autobombo y el interés propio, ajena a los problemas reales de los ciudadanos e incapaz, por desidia y temor a la opinión pública, de proponer una solución eficaz a largo plazo. Le duele la impotencia del sistema educativo, del que saldrán generaciones de analfabetos que buscarán oportunidades mucho más atractivas en las calles. Le duele la aberrante guerra contra las drogas que desde hace décadas supone una de las mayores calamidades sociales y políticas tanto del primer como del tercer mundo. Pero también le gustan la gente de Baltimore, el habla cotidiana, las vidas de los que lo tienen todo en contra. Y dio buena cuenta de ello en The Wire. Y habla con lucidez y mala uva de la serie y de sus entresijos en The Wire. 10 dosis de la mejor serie de la televisión.


Este estupendo volumen de la editorial errata naturae se abre con una introducción del propio Simon donde habla de los orígenes de la serie en sus investigaciones previas, como periodista del Baltimore Sun, junto al equipo de Homicidios de la policía. La observación atenta de la realidad de los yonquis y criminales le dio una generosa perpectiva muy alejada de los reduccionismos y tópicos al uso. Fundamental también fue conocer al ex detective de Homicidios reciclado a profesor Ed Burns, que conocía al dedillo los entresijos de la ciudad. El libro continúa con una entrevista de Nick Hornby a Simon y con diferentes artículos que analizan diversos aspectos de la serie. Por último, un relato de uno de los guionistas, George Pelecanos




Muy grata lectura para los incondicionales de la serie que quieran profundizar un poco más. Como complemento, en este blog se puede descargar la banda sonora, una irresistible mezcla de canciones de hip-hop que gustarán incluso a los que, como yo, no les entusiasme el género, canciones de músicos locales de Baltimore (como el hipnótico tema que cierra todos los capítulos) o la pegadiza The Body of an American, de The Pogues, con la que el Departamento de Policía ameniza los velatorios de los agentes fallecidos. Y una buena noticia para los que disfrutaron Treme: en abril llega la segunda temporada.

The Wire. 10 dosis de la mejor serie de la televisión, vv. aa.
Introducción de David Simon
Relato inédito de George Pelecanos
238 págs
errata naturae

jueves, 30 de diciembre de 2010

Temas al vuelo

Varios asuntos que han llamado mi atención estos días:

1. Discografía de Johnny Cash, completísima y en dos servidores distintos. Un lujazo.

2. Nuevo libro de David Simon, creador de The Wire y Treme. Digo nuevo aunque en realidad fue el primer libro que publicó relatando su trabajo como cronista del Baltimore Sun. Los que han visto cualquiera de las dos series anteriores no necesitan saber nada más para abalanzarse sobre él.

3. La novela negra está de moda. Para orientarse en el aluvión de publicaciones, El Mundo ha estrenado una sección y un blog sobre el amplio panorama del género. De momento, a mí me ha llamado mucho la atención el Red Riding Quartet, que en castellano está editando la editorial Alba y que ya tiene adaptación a la tv. Apuntado para el año que viene.


5. Series para el año que viene: Juego de tronos, fantasía épica tipo Tolkien, y Terra Nova, producida por Spielberg.

6. Muy lúcido artículo de Edurne Uriarte hoy en Abc, que no me resisto a reproducir íntegro:

Palabras envenenadas

Día 30/12/2010
 
Hace tiempo que me di por vencida en el debate sobre la presencia de terroristas en los medios de comunicación. La gran mayoría de medios y periodistas priman lo que consideran el valor de la información. Sean palabras de un terrorista o de un delincuente de cualquier otro tipo las que constituyan dicha información. Como las de Otegi en The Wall Street Journal y en tantos otros medios antes que en este.
 
En la práctica, y por muy bienintencionados que sean los medios en cuestión, ocurre que la invitación a un terrorista al salón de sus páginas produce casi siempre el mismo efecto que la invitación a una institución democrática. Que los legitiman. Que los humanizan. Que los dotan de respetabilidad. Este ha sido el problema de todas las negociaciones con ETA y lo vuelve a ser en esta que parece será la última negociación. Que la sociedad, léase medios de comunicación y tantas otras instancias, convierte a los terroristas en interlocutores políticos que exponen posiciones y exigen respuestas y medidas como si de cualquier movimiento social o grupo de presión democrático se trataran. Desaparecidos los asesinados y perseguidos en un pequeño y cuasi imperceptible apartado de «víctimas» que se gestiona entre el terrorista y su interlocutor como un trámite cualquiera más de la negociación.
 
Los medios extranjeros, con su tradicional ignorancia sobre la cuestión, lo empeoran, claro está, lo del «Grupo vasco» que titula WSJ, pero se trata de un problema generalizado. Y empieza y se desarrolla sobre todo entre nosotros, en España. Con el renovado interés y espacio que ofrecemos a los terroristas para que nos anuncien su magnánima renuncia a la violencia.
 
Y si es necesario, hasta condenarán la violencia, que decía Joseba Egibar sobre Batasuna en El Correo. Fíjese usted si son personas generosas y de buena voluntad. Sólo nos falta darles las gracias.