El apasionante libro de Alex Ross El ruido eterno (The Rest is Noise es el título original) comienza un día de 1906 en Graz, Austria, donde los consagrados y los aspirantes de la escena musical de la época van a escuchar el estreno de Salome, de Richard Strauss. Gustav Mahler, Arnold Schönberg (aún escribía así su apellido) con su séquito y, tal vez, Adolf Hitler esperan con impaciencia el comienzo de una obra de la que se oyen rumores extraños y atrayentes. Y es que esta partitura áspera, disonante y sensual marca el arranque de la música del s. XX y el principio de la ruptura entre el público y la música "seria". La gente sale del teatro con sentimientos encontrados: ¿es esto la nueva música, esta mezcla de ruido y escabrosidad? Por su parte, los más jóvenes y osados ven una señalización del camino a seguir. El entusiasmo contagioso del libro de Ross empuja a escuchar la música que él tanto disfruta, haciendo un esfuerzo ante las ingratitudes de una música que chirría al oído desentrenado pero que luego ofrece un inagotable caudal de gozos. Para los curiosos (o, como yo, para los convencidos) enlazo el vídeo de la ópera completa, con subtítulos en inglés, dirigida por Karl Böhm. Bendito sea Youtube.
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domingo, 19 de febrero de 2012
martes, 26 de enero de 2010
Bendito ruido
a

Sinfonía nº 5, de Gustav Mahler

La Création du Monde, de Darius Milhaud

2001, A Space Odyssey (O.S.T.)

En el año 2007, el crítico musical del New Yorker Alex Ross publicó The Rest is Noise, una historia de la música seria en el s. XX. El libro ha tenido una excelente acogida tanto de crítica como de público y ahora, después de haberlo devorado en la versión castellana de Luis Gago, quien lo ha traducido como El ruido eterno. Escuchar al siglo XX a través de su música, comprendo perfectamente las razones de su éxito.
Mezclando sabiamente el relato biográfico con un sucinto análisis musical, Ross comienza con el estreno de la ópera Salome, de Richard Strauss. Esta obra, artífice de un lenguaje que seduciría a todas las jóvenes promesas de la música que asistieron al estreno, desde Schoenberg a Alban Berg, tuvo un éxito espectacular. También asistió el amigo/rival de Strauss, Gustav Mahler, otro monstruo de la música que influiría poderosamente en las siguientes generaciones de músicos.
Es imposible resumir aquí la gran cantidad de datos, anécdotas y opiniones vertidos en el libro, así que me limitaré a recomendarte algunos discos en los que puedes escuchar a los autores de los que se habla en el libro. Y, desde luego, agénciate El ruido eterno pero ya.
Es imposible resumir aquí la gran cantidad de datos, anécdotas y opiniones vertidos en el libro, así que me limitaré a recomendarte algunos discos en los que puedes escuchar a los autores de los que se habla en el libro. Y, desde luego, agénciate El ruido eterno pero ya.
Sinfonía nº 5, de Gustav Mahler

El adagietto de esta fantástiva sinfonía pasó a ser archiconocido a partir de su utilización por Luchino Visconti en Muerte en Venecia. Aquí puedes descargarte la versión de Claudio Abbado con la Filarmónica de Berlín.
La Création du Monde, de Darius Milhaud
Una obra con influencias jazzísticas de uno de los miembros del grupo conocidos como Les Six. En el gran blog P. Q. P. Bach puedes descargarlo.
2001, A Space Odyssey (O.S.T.)
La célebre película de Kubrick abunda en música del s. XX, desde el poema sinfónico Así habló Zaratustra, de Richard Strauss, hasta los misteriosos Requiem y Lux Aeterna del húngaro Giorgy Ligeti. Aquí tienes el enlace para descargarlo, tomado de aquí.
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