Mostrando entradas con la etiqueta ROSSELLINI Roberto. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ROSSELLINI Roberto. Mostrar todas las entradas

sábado, 1 de diciembre de 2012

Stromboli o la prisionera



En el campo de refugiados de Farfa (Italia) prima la confusión lingüística producto de la abigarrada mezcla humana que la guerra ha ido arrastrando allí. Las precarias traducciones que algunas presas realizan para sus compañeras se complementan con gestos y con el intercambio de mercancías y de cuerpos. Karin (Ingrid Bergman) es una refugiada lituana que acepta casarse con Antonio, un soldado siciliano también cautivo, para poder salir del campo. Ambos se embarcan hacia Stromboli, la pequeña isla de pescadores donde nació y vivió el joven hasta su alistamiento.

Lo que prometía ser un completo cambio de aires pronto revela un aspecto mucho más áspero a medida que el sol y el azul del Mediterráneo dan paso a la negra tierra volcánica de Stromboli. Una naturaleza arrasada por las explosiones recurrentes del volcán parece ir de la mano con las mujeres vestidas de negro, las casas de una hiriente desnudez, la ausencia de vida callejera. El marido se va a la mar y la esposa acostumbrada a las ciudades europeas, a la vida burguesa e intelectual, se halla obligada a acomodar una casa bajo la mirada censora de las mujeres del pueblo, quienes le hacen el vacío por hablar con los hombres o con las mujeres “marcadas”, como una prostituta. Las libertades y los coqueteos de Karin se vuelven contra Antonio cuando el pueblo entero le llama cornudo a ritmo de guitarra.

Aunque Rossellini no ahorra detalles para criticar la cerril y muy machista sociedad italiana, tampoco se priva de deformar el rol tradicional de heroína pintando a Karin como caprichosa y soberbia, voluble y manipuladora. La barrera lingüística que no fue obstáculo para salir del campo de mujeres tampoco impide que consiga ayuda para intentar salir de la isla. Y es que la cámara del director parece detenerse muy a menudo en todos los pliegues del cuerpo de Ingrid Bergman: en sus piernas y sus pies descalzos por la arena, en su pecho alzado por la camisa, en su hermosa mirada el director italiano le enseñaba al mundo las razones por las que se lo pasó tan bien llevando a la actriz al adulterio y al escándalo. Escándalo no sólo entre los puritanos sino también entre los admiradores de las películas neorrealistas de Rossellini, aquellos que defendían la calidad de documento del cine. Stromboli marca la deriva del director hacia un cine más intimista aunque sin ahorrar las escenas testimoniales, como la asombrosa pesca del atún.

Pero la vida pecadora de Karin (con intento de seducción del cura incluido) es sólo la primera estación de un viacrucis a través de la tierra yerma del volcán que conducirá a una revelación espiritual, algo parecido a lo que pasará en Viaggio in Italia. No por nada la película se llama Stromboli, terra di Dio, y efectivamente el paisaje es a menudo un reflejo del sentir de los personajes cuando no les quita el protagonismo, como durante el tremendo estallido del volcán. El gran trabajo actoral de Ingrid Bergman y los figurantes no profesionales, la fuerza del paisaje siciliano y la complejidad de la historia hacen de ésta una película imprescindible. Y vean la pesca del atún si  no me creen.

jueves, 28 de abril de 2011

Viaje a Italia

Dedicado a  Vittorio, quien me enseñó lo mejor de Nápoles

Un matrimonio inglés viaja a Nápoles para vender la villa dejada por un familiar difunto. En el viaje afloran todas las tensiones y rencores que ha ido acumulando durante los años de casados. Prescindiendo de florituras, éste es el argumento de Viaggio in Italia (1954), o, en la como de costumbre incomprensible retitulación española, Te querré siempre. Pero por el camino Rossellini clava una mirada fieramente lúcida en los sinsabores y tiempos muertos de una pareja.


George Sanders y una magnífica Ingrid Bergman son Alex y Catherine. Desde el comienzo de la película la frialdad entre ambos es patente. Todo lo que en Londres quedaba soterrado por la rutina laboral y el ajetreo de la vida social aflora rápidamente en el nuevo ambiente: una mutua incomprensión acentuada por la creciente indiferencia. Una vez en la villa ambos llevan vidas estancas: Catherine explora el patrimonio artístico de la zona con el recuerdo de un amigo poeta que murió joven. Alex, en cambio, se adentra en la vida social de la zona y tiene algunos escarceos fallidos con otras mujeres. La distancia entre los dos crece por momentos.

Rossellini se vale de todo el paisaje natural y cultural de esa bellísima región para darle hondura y viveza a la historia, aunque casi siempre la pareja protagonista parece reaccionar negativamente a los estímulos esteriores: al principio  el ensimismamiento arisco de Alex y Catherine contrasta con la belleza del paisaje; la comida les sienta mal y no son capaces de hacerse entender por los lugareños; la fecundidad de las napolitanas hace que Catherine sienta el anhelo del hijo que nunca han tenido. Por otro lado, ella se queda sin aliento por la riqueza artística guardada allí y en la procesión del final, cuando supuestamente se produce un milagro, ambos se reconcilian y admiten sus errores. Pero ¿cuánto tiene de milagrero, más que de milagro, este hecho? ¿Durará mucho más allá del viaje a Italia, cuando ambos vuelvan a encajarse en la rueda dentada de la rutina?

El escrutinio de los rostros y los silencios dicen tanto en esta película como los diálogos. El tedio y el rencor dan paso al desprecio y la ira. Mientras ella se refugia en sus recuerdos y siente el ansia de la maternidad , él hace una tentativa fallida de tener una aventura. El cambio de marcha a que les obliga el viaje muestra con cruel evidencia los estragos causados por el tiempo. Una obra maestra indudable de Roberto Rossellini de obligado estudio para todo aquél que ame mínimamente el cine.