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sábado, 21 de mayo de 2011

Expulsión del Paraíso

En el último período que Dostoievski pasó en el exilio siberiano, se sabe que pudo leer con atención algún libro de Hegel. Földényi propone las Lecciones de Filosofía de la Historia como el posible tomo que Dostoievski leyó con provecho y, seguro, pasmo. Porque en ese libro Hegel elimina de un plumazo a Siberia de la Historia. Dicha región, argumenta el filósofo, al igual que África y otros territorios junto con los pueblos que los habitan, no reúne las condiciones necesarias para participar en el colosal despliegue de la Razón y el Progreso que supone la Historia. Con lo que enormes segmentos de la humanidad quedan justamente apartados del interés del resto.


Dostoievski ve cómo el estilo de Hegel se hace abrupto e impaciente cuando ha de pasar por ciertos temas. Asia y África son inabarcables en su riqueza y tradición, fuente de temores y de inquietantes seducciones, pero Hegel sólo enumera los registros de barbarie: matanzas, tiranías etc. Para él, la razón coincide con lo que puede abarcar desde el aula de la Universidad y las cuatro esquinas de su cómoda vida burguesa. Lo que queda más allá de dichos límites produce un terror ciego que sólo puede paliarse explusando sin contemplaciones todo lo irracional, es decir, lo que escapa a la vida de estufa y alpargata que cómodamente disfrutaba. A un mundo de allí, un escritor ruso sufría en carne propia los rigores de una Historia que en menos de 100 años regaría de sangre los campos de esa tierra que, según el filósofo alemán, era la que reunía las condiciones ideales para que fuese la realización del Espíritu en la tierra. El Paraíso laico se trastocó pronto en matadero industrial.

La experiencia individual de Dostoievski representa un rechazo radical de las teorías hegelianas, una modesta pero inquebrantable afirmación de la vida concreta frente a la arrasadora generalidad de la teoría. La pequeñez y fugacidad de una vida (ni siquiera la de miles de vidas) suponen una minúscula mota al vuelo de pájaro del progreso histórico, cuya imparable realización sólo atiende a sus propias condiciones. La estela de cadáveres que deja a su paso es un ínfimo precio por ver en su esplendor esa moderna teodicea plena de luz y coherencia.

Después de ver la imparable ola histórica que arrasó el pasado siglo y de leer los testimonios de los que vivieron para contarlo, surge el rechazo inmediato de los que cuentan la historia a su modo y conveniencia, eligiendo unos hechos y silenciando otros para articular un relato de falsa claridad con planteamiento-nudo-desenlace. Los finales cerrados y los destinos tal vez sean aceptables en las novelas, pero en la realidad llevan a la ignorancia del sufrimiento concreto en aras de algún fin trascendente. La reveladora situación de Dostoievski leyendo cómo Hegel lo expulsa de la historia puede ser útil para entender las trampas y perversidades del relato histórico.

Dostoyevski lee a Hegel en Siberia y rompe a llorar, de László Földényi
Traducción de Adán Kovacsis Meszaros
51 págs
Satélites
Galaxia Gútenberg

martes, 29 de marzo de 2011

Voces e ideas

Tuve la suerte de acercarme a la obra de Dostoievski mediante un libro que me gusta pensar como decisivo para todo aquel joven que se haya topado con él: Crimen y castigo. A pesar de la infame traducción, de una edición en papel malo y letra amazacotada, de los numerosos cortes que sufrió el texto, esa vieja publicación de la editorial Edaf es uno de mis recuerdos de lector que con más cariño atesoro. El miserable cosmos petersbusgués que se arremolina sobre el terco y lúcido Raskolnikov se graba a fuego en la mente del adolescente que no puede ni quiere soltar esas páginas. Después he seguido leyendo a Dostoievski a saltos, impresionado por el genio turbulento de Los demonios o Los hermanos Karamazov. La primera novela que leí de Coetzee fue El maestro de Petersburgo. En no recuerdo qué libro de ensayos de Susan Sontag se hablaba de cierta novela de un tal Tsypkin, Verano en Baden-Baden, calificada de obra maestra y que relataba la etapa ludópata de Dostoievski por los casinos de Europa. La devoré en poco tiempo. Todas estas lecturas han transcurrido en un espacio de tiempo de muchos años, por lo que puede decirse que no le he dedicado al gran novelista ruso la atención que yo mismo pienso que merece. Hace poco decidí subsanar tal carencia con varias lecturas, la primera de las cuales ha sido Problemas de la poética de Dostoievski, de Mijaíl Bajtín.


Bajtín realiza un agudo análisis de la obra del petersburgués aplicándole los conceptos de carnavalización y polifonía que tan fecundos resultaron en su teoría literaria. Según el crítico, Dostoievski sería el máximo exponente de la novela polifónica, donde múltiples personajes exponen puntos de vista a menudo opuestos y los llevan hasta sus últimas consecuencias sin que el autor intente dirigirlos. Normalmente, el autor construye sus textos de manera que todo tienda a demostrar una idea, los personajes tienen poca libertad real puesto que el autor les orienta con mano de hierro a cumplir un papel en el engranaje de la narración. Pero no Dostoievski. Por el contrario, dota a cada personaje de una obsesión particular y le deja en debate perenne consigo mismo. Los tormentos y la conducta demente de muchos de sus personajes vienen de la incapacidad de estos para resolver las contradicciones provocadas por el incesante rumiar de las ideas. Los grandes debates de la época son encarnados por figuras que sostienen cada posición con una energía energuménica que suele acabar con ellos.

Bajtín realiza un amplio repaso de los precedentes de la novela carnavalizada, género que considera el más apto para expresar las tensiones de nuestra época. Tal carnavalización se refleja en el continuo recurso a lo grotesco, a la parodia, a la escena vodevilesca. Los personajes tienen en general una vis cómica en medio de la miseria de su situación que da pie a una escena típicamente dostoievskiana. Tanto los protagonistas como los secundarios se lanzan a delirantes monólogos en los que representan con pareja eficacia y al mismo tiempo a la defensa y a la acusación. Todo ello refleja, según Bajtín, la naturaleza profundamente dialógica de Dostoievski, en oposición al monologismo de la mayoría de escritores.

Esta sucinta reseña no da una idea cabal de la gran cantidad de análisis y perspectivas que explora Bajtín. Este libro marca un hito de los estudios sobre Dostoievski y me ha reabierto el apetito de sus libros. Aunque no sé en cuál embarcarme primero: ¿tal vez en Pobres gentes, su primera novela, que causó un hondo impacto en Belinski? ¿Los artículos polémicos de Diario de un escritor? ¿La relectura de Los demonios que me está tentando? Se ruegan sugerencias.

Problemas de la poética de Dostoievski, de Mijaíl Bajtín
399 págs
Breviarios
Fondo de Cultura Económica