Creo que lo mejor hubiese sido pixelarlas enteras.
Dos preguntas y una conclusión me asaltan: P1: ¿son góticas o las viste su madre así de mal? P2: si estoy de acuerdo con nuestro amigo Arcadi y viajan por la patilla, ¿porqué se publica la foto pixelada? C1: Normal que a Mrs. Obama la consideren la nueva Jackie Kennedy, si comparamos...
Mi descubrimiento del año: Sarah Shahi, de nacimiento Aahoo Jahansouz Shahi, nació el 10 de enero de 1980 en Euless, Texas, Estados Unidos, de padre iraní y madre española.
Por si quieres más, serie "Life", junto a nuestro adorado Dick Winters... (la mala noticia es que sólo hay dos temporadas)
O al menos a mí se me sube la bilirrubina al ver las fotos que Olivia Wilde, a.k.a. 13 (la doctora con más cara de vicio con que te puedes tropezar) ha tenido a bien sacarse. Pasen y vean.
Habrás visto en los periódicos que se estrena la última película de Viggo Mortensen, La carretera, basada en la novela de Cormac McCarthy. La he leído hace nada y te la recomiendo vivamente: un hombre y su hijo cruzan una América devastada por lo que parece haber sido un desastre nuclear. No hay muchos supervivientes, la fauna y la flora están arrasadas y es peligroso permanecer en un mismo lugar mucho tiempo. Algunos supervivientes se han agrupado en bandas que cazan a otros humanos para alimentarse. En ese mundo terrible e inhóspito el hombre procura cuidar a su hijo y cuidar que no se apague la tenue llama de humanidad que aún posee.
Tal vez te suene McCarthy porque recientemente los Coen adaptaron otra de sus novelas: No es país para viejos (una de las pocas películas suyas que me gustan. Hace poco vi Muerte entre las flores y menudo tostón). En toda la obra de este escritor se repiten una serie de constantes: el hombre solitario y desarraigado, la dura pugna contra la naturaleza para obtener medios con los que subsistir, la violencia desmedida de los hombres, la constatación de que, a pesar de todo ello, hay fuentes de dicha y belleza por las que merece la pena vivir.
Donde mejor se muestra el mundo de McCarthy y donde está, a mi juicio, lo mejor de su obra es en la llamada Trilogía de la frontera, compuesta por tres novelas: Todos los hermosos caballos, En la frontera y Ciudades de la llanura. En ellas el autor ha actualizado el western con un vigor y una maestría difíciles de encontrar en el cine. De Todos los hermosos caballos se ha hecho una película protagonizada por la pedorra de nuestra Penélope que, según he oído, es un bodrio descomunal. Que eso no te haga ignorar una de las mejores novelas de los últimos veinte años: la historia de un joven vaquero, a mediados del s.XX, que marcha a conocer mundo. Por el camino hallará dolor, amistad, amor. En la frontera es, a ratos, aún mejor que el libro anterior. La primera parte, en la que el protagonista atrapa y domestica a una loba, es inolvidable. Sin embargo, la novela no está tan bien construida como la anterior y a ratos resulta un poco larga. Me queda por leer la tercera novela, pero tranquilo, que no tardará.
Así que dale leña al manzano y ponte a leer a McCarthy a la voz de ya. Con esto y Paper planes de M.I.A., que aparece en la banda sonora de Slumdog Millionaire (típica historia de cuento de hadas holliwoodiense/bolliwoodiense, aunque contada con bastante más gracia, y además sale la gupísima Freida Pinto), te dejo.
Hay una foto mejor de mi amiga Sara (hacerme ver las noticias de laSexta hace que ya seamos íntimos).
Estos americanos serán unas fachas, imperialistas, ultra-religiosos y lo que quieras. Pero en cuestión de jodidas clasificaciones no tienen rival... será porque se aburren demasiado.
Me entero (tarde, como siempre), gracias al infaltable blog de Álvaro Pons, de que el 31 de agosto ha sido el día de los blogs. Así que nada, viva nosotros, y anunciar, para tranquilidad de los dos o tres lectores de esta página, que tras el parón veraniego en el que he podido actualizar a duras penas debido a la carencia internética que sufro en Noja, vuelvo con más derrames cerebrales y alguna foto cochina. Genio y figura. En un alarde de optimismo, o de oligofrenia aguda, incluyo un gadget que calculo permanecerá virgen hasta el día del Juicio Final por la tarde: el de los Seguidores, que he llamado Groupies. Todo el que sienta devoción religiosa y/o sexual hacia los autores de este blog puede apuntarse. Plazas limitadas.
“…y no he buscado ridiculizar, deplorar ni menos aún maldecir las acciones humanas, sino sólo entenderlas”. SPINOZA, Tratado político
Y comprender es lo que buscaba también Primo Levi (1917-1987) al enfrentarse a sus recuerdos en la primera parte de su autobiografía dedicada al universo concentracionario, Si esto es un hombre. Y tal vez se deba al carácter científico de Levi la contención y el talante analítico que presiden la obra, y que contrastan íntimamente con la crudeza del contenido y con las ásperas verdades que enuncia. Es éste uno de los tratados acerca de la naturaleza humana más penetrantes y descorazonadores que existen.
Desde su detención e ingreso en un vagón con destino a un desconocido pueblo polaco, el autor va desgranando paulatinamente el rosario de vejaciones, insultos, maltratos y humillaciones que acumula el heterogéneo grupo de judíos que viaja con él. Cuando llegan a la nueva ciudad doliente, la maldición bíblica se invierte: “El trabajo nos hace libres”. Levi comenta en la PRESENTACIÓN que tuvo suerte de no ser deportado hasta 1944, y es que había personas que llevaban varios años allí. Todo es considerado una suerte en este nuevo cosmos de sufrimiento: que la pesada carga que se transporta sea ligeramente menos pesada que en el anterior viaje; que aunque llueva no haga viento etc. Toda nimiedad supone un profundo alivio de la tortura cotidiana.
Los campos son dirigidos con puntualidad y rigidez germánicas. Se impone un nuevo orden marcial e inflexible. Las tardanzas, los desacompasamientos y, en fin, la indisciplina son inmediatamente castigados. La consecuencia inmediata de los malos tratos y la alimentación escasa es una debilidad física generalizada que enseguida se cobra muchas bajas. Rapados, desnutridos y escasamente vestidos por el mínimo uniforme, los prisioneros adquieren con prontitud una apariencia grotesca: la desmejora de la piel les impide reconocer al amigo apenas transcurridos unos días sin verse.
El derrumbamiento físico corre parejo al derrumbamiento moral. Si uno quiere sobrevivir, es necesario sobreponerse a las penalidades y afilar el ingenio y la malicia. La deshumanización sistemática del Lager (campo) crea una sociedad de “señores” en sentido nietzschiano: la generosidad, la compasión, la ayuda al más necesitado son despreciados en cuanto suponen la debilitación de uno mismo con la consiguiente mengua de las escasas fuerzas de que se dispone. Compartir la miserable hogaza de pan tal vez suponga el golpe de gracia a la diezmada constitución física. Al cabo de un tiempo, el hambre que se apodera sin remedio de uno orienta el pensamiento en una única dirección: la subsistencia. Levi distingue dos grupos en la sociedad concentracionaria: los hundidos y los salvados. Los hundidos conforman la insoportable fila de cadáveres producto del horror nazi. Los salvados han ganado su condición ayudando a engrosar las filas de los hundidos: robándoles sus cosas en un descuido, quitándoles los mejores puestos para recibir alimento, evitando con mil tretas los trabajos más pesados… El penetrante ojo de los alemanes sabía elegir a los judíos más sádicos y crueles para que desempeñaran puestos de alguna responsabilidad, como jefe de barracón o, incluso, Kapo al mando de un grupo de trabajadores. Estos nuevos jefecillos eran envidiados por el resto: cualquier mejora de las condiciones de vida era lo que un prisionero más deseaba.
El mundo fuera de la alambrada se convertía en algo lejano y quimérico de lo que era mejor no pensar. El humor negro del campo sostenía que de allí sólo se podía salir por la chimenea, es decir, transformados en el humo que despedían los hornos crematorios. Pero la mente de los prisioneros iba más allá del campo incluso en sueños: un sueño recurrente consistía en la vuelta a casa, a la normalidad del hogar. En esa cálida velada el superviviente relata a los demás lo vivido en el Lager: las torturas, maltratos, ejecuciones, hambre… Todos le miran sin comprender lo que dice. Otros no le creen. La mayoría le ignora. Pero el superviviente, ahora convertido en testigo, siente una necesidad física, dolorosa, de relatar. Ha vuelto del más allá para contarlo.
Primo Levi reivindica ante todo su calidad de testigo. Habla sólo de lo que vivió y extrae consecuencias de ello valiéndose de un estilo severo y elegante. Establecía al comienzo un paralelo con Spinoza, aunque convendría matizarlo. Levi buscaba comprender los actos de los alemanes, pero sin duda no era imparcial. ¿Cómo serlo después de todas esas monstruosidades? En Si esto es un hombre, como en otros testimonios del Holocausto (pienso en La noche, de Elie Wiesel), la estética del relato enfoca a cada cual con un color particular: los alemanes no son esos semidioses de uniforme impecable que aparecen en las películas. Son seres crueles, animalizados por el odio. El alemán es un idioma ladrado, arrojado a gritos contra alguien. La afición germánica al orden y al sistema se transforma en una aberración cuando se aplica a seres humanos. Las transgresiones de los oficiales al reglamento se realizan por codicia, jamás por piedad hacia el que sufre. Concentrado en el conocidísimo verso de Celan: La muerte es un maestro venido de Alemania.
Sin duda, un libro imprescindible para conocer los extremos a que puede llegar el hombre con fanatismo y una técnica eficiente. Levi nunca se cansó de dar a conocer tales bestialidades ni de ahondar en sus causas. Si esto es un hombre nos ayuda a prevenir males presentes y futuros, en ningún caso lejanos.