
La base del pensamiento nietzscheano, lo que le da atractivo y, a la vez, es causa de la zona más intransitable de su pensamiento, es una energuménica y radical afirmación de la vida. No sólo la belleza, la alegría y la risa, Nietzsche acepta y, aún más, ensalza la parte más negra de la existencia: el sufrimiento, la crueldad, la destrucción. Tanto lo bueno como lo malo forman un todo indisoluble. Como muy bien expresa un poema de su inalcanzada Lou Andreas Salomé:
(oración a la vida)
¡Sin duda un amigo ama a su amigo
como yo te amo a ti, vida llena de enigmas!
Lo mismo si me has hecho gritar de gozo que llorar,
lo mismo si me has dado sufrimiento que placer,
yo te amo con tu felicidad y tu aflicción:
y si es necesario que me aniquiles,
me arrancaré de tus brazos con dolor,
como se arranca el amigo del pecho de su amigo.
Con todas mis fuerzas te abrazo:
¡deja que tu llama encienda mi espíritu
y que, en el ardor de la lucha,
encuentre yo la solución al enigma de tu ser!
¡Pensar y vivir durante milenios,
arroja plenamente tu contenido!
Si ya no te queda ninguna felicidad que darme,
¡bien! ¡Aún tienes - tu sufrimiento!
Todo lo anterior lleva a una de las partes más controvertidas del pensamiento nietzscheano, en la que conviene deslindar lo que es de su cosecha de lo que se le ha añadido posteriormente: el superhombre. Éste es, ni más ni menos, quien acepta los valores que dicen sí a la vida, aquel que acepta el sentido trágico de la existencia. Es sintomático que el débil, enfermizo y vulgar Nietzsche le aplique los calificativos exactamente opuestos a él: fuerte, vigoroso, saludable, aristocrático. Por otro lado, no hay que sumarle ideas que Nietzsche no tuvo: por ejemplo, idea alguna de superioridad de raza. En abundantes pasajes de Ecce homo se lanzan andanadas asesinas contra los alemanes y la cultura alemana. Nietzsche se considera culturalmente francés. Y ya he mencionado sus fantasías sobre su ascendencia polaca. En cuanto al antisemitismo, jamás critica a los judíos en cuanto tales (de hecho, criticó a Wagner por su burda judeofobia) y es un rendido admirador del Yahvé veterotestamentario frente a la moral judeocristiana. Sin embargo, todo esto no le exime de ser un precursor ideológico, por su filosofía de señores contra esclavos, del mundo de los Lager, como ya mencioné en otra parte.
La obra de Nietzsche, viva y polémica, aún sigue teniendo una indiscutible vigencia para pensar y analizar muchas de las tendencias actuales. Es de destacar, como es costumbre en su autor, el vigor y la agilidad del estilo. Sorprende este contraste también: el Nietsche correcto, educadísimo, incapaz de levantar la voz, aparece en sus escritos casi siempre con un tono declamatorio atronador. Ecce homo es, en fin, una buena manera de iiniciarse en el pensamiento de este autor.
POSDATA: No quiero despedirme sin antes recomendarte las últimas entregas del magnífico blog Tangencias, en las que nos ofrece grandes ilustraciones de El Señor de los Anillos, de Jean Giraud y de su otro yo Moebius. Con esto y el concierto Emperador de Beethoven con Glenn Gould al piano, te dejo.



