jueves, 28 de abril de 2011

Viaje a Italia

Dedicado a  Vittorio, quien me enseñó lo mejor de Nápoles

Un matrimonio inglés viaja a Nápoles para vender la villa dejada por un familiar difunto. En el viaje afloran todas las tensiones y rencores que ha ido acumulando durante los años de casados. Prescindiendo de florituras, éste es el argumento de Viaggio in Italia (1954), o, en la como de costumbre incomprensible retitulación española, Te querré siempre. Pero por el camino Rossellini clava una mirada fieramente lúcida en los sinsabores y tiempos muertos de una pareja.


George Sanders y una magnífica Ingrid Bergman son Alex y Catherine. Desde el comienzo de la película la frialdad entre ambos es patente. Todo lo que en Londres quedaba soterrado por la rutina laboral y el ajetreo de la vida social aflora rápidamente en el nuevo ambiente: una mutua incomprensión acentuada por la creciente indiferencia. Una vez en la villa ambos llevan vidas estancas: Catherine explora el patrimonio artístico de la zona con el recuerdo de un amigo poeta que murió joven. Alex, en cambio, se adentra en la vida social de la zona y tiene algunos escarceos fallidos con otras mujeres. La distancia entre los dos crece por momentos.

Rossellini se vale de todo el paisaje natural y cultural de esa bellísima región para darle hondura y viveza a la historia, aunque casi siempre la pareja protagonista parece reaccionar negativamente a los estímulos esteriores: al principio  el ensimismamiento arisco de Alex y Catherine contrasta con la belleza del paisaje; la comida les sienta mal y no son capaces de hacerse entender por los lugareños; la fecundidad de las napolitanas hace que Catherine sienta el anhelo del hijo que nunca han tenido. Por otro lado, ella se queda sin aliento por la riqueza artística guardada allí y en la procesión del final, cuando supuestamente se produce un milagro, ambos se reconcilian y admiten sus errores. Pero ¿cuánto tiene de milagrero, más que de milagro, este hecho? ¿Durará mucho más allá del viaje a Italia, cuando ambos vuelvan a encajarse en la rueda dentada de la rutina?

El escrutinio de los rostros y los silencios dicen tanto en esta película como los diálogos. El tedio y el rencor dan paso al desprecio y la ira. Mientras ella se refugia en sus recuerdos y siente el ansia de la maternidad , él hace una tentativa fallida de tener una aventura. El cambio de marcha a que les obliga el viaje muestra con cruel evidencia los estragos causados por el tiempo. Una obra maestra indudable de Roberto Rossellini de obligado estudio para todo aquél que ame mínimamente el cine.

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