-Ya me lo preguntaste hace un minuto y te dije y te digo donde tú quieras.
Estaba contento porque la llevaría a ese lugar donde no la llevé el otro día. Un lugar recluido, como cantaba Lola. Es que las mujeres son como los libros: uno siempre tiende a llevarlos a la cama. Los libros que parecen ser vírgenes están encuadernados en rústica. Hay que tener dispuesto el abrelibros. Un cortapapeles es bastante.” GUILLERMO CABRERA INFANTE, La ninfa inconstante.
Querido S.:
Pocos mundos ficticios habrá más seductores, coherentes y personales que La Habana ideada/recordada por Guillermo Cabrera Infante. Una Habana prerrevolucionaria o apenas tocada por la Revolución que gozaba, en plena dictadura de Batista, de muchas más libertades y garantías democráticas (en una dictadura) de las que luego pudo gozar nunca cualquier miembro del Partido –ya que ésas no eran libertades sino privilegios. Lee al respecto el ensayo dedicado a la detención de Cabrera, incluido en su libro O, por escribir un cuento con “palabras malsonantes” en inglés; la policía de Batista incluso le dejó hacer una llamada. Compárese con el secuestro del corto de free cinema que rodaron el hermano de Guillermo, Sabá Cabrera, y Orlando Jiménez: P. M. en el que se dedicaban a filmar la vida nocturna habanera y que a los cabecillas de la Revolución (supongo que entre ellos estaría Haydée Santamaría, de la que te hablé el otro día) les pareció obsceno y antirrevolucionario. Aquí tienes el corto (parte 1 y parte 2) y unos jugosos comentarios de Cabrera Infante.
Hasta ahora sólo teníamos dos obras novelísticas que retratasen esa Habana luminosa que Cabrera estuvo recordando durante más de 40 años: Tres tristes tigres y La Habana para un infante difunto. A ellas se había de sumar una obra prometida durante mucho tiempo, Cuerpos divinos, que ahora espera entre los papeles del autor a que la viuda de éste, Miriam Gómez, le dé la última poda para llevarla a la imprenta. Y de pronto aparece otra novela que el autor dejó lista para publicar apenas antes de morir: La ninfa inconstante.
Si en La Habana para un infante difunto retrataba sus primeros contactos con el sexo y en Tres tristes tigres situaba un amorío a comienzos de la Revolución, La ninfa inconstante puede ponerse en medio de ambas para contar un breve idilio de juventud. El narrador vislumbra a una muchacha, casi una niña, en un edificio. Tras un precipitado viaje en taxi consigue hablar y quedar con ella. Se llama Estelita (sólo más tarde, cuando pase a ser una mujer, será Estela) y será la causa de una breve euforia y muchos dolores e cabeza. El enamoramiento imprevisto como un golpe, el deseo, la incomunicación, los celos son desmontados con la digresiva y, no obstante, ágil prosa de Cabrera Infante, llena a rebosar de juegos de palabras, paronomasias, citas más o menos escondidas, aliteraciones y toda clase de recursos que al no iniciado en su obra le pueden parecer mareantes. A mi juicio, la mejor obra para adentrarse en el mundo de este autor es La Habana para un infante difunto. Pero La ninfa inconstante también es una magnífica manera de empezar, una novela (aunque al autor no le gustase esta palabra) llena de ingenio, humor, ironía, soberbio manejo del lenguaje y una nostalgia de Cuba inscrita en todas sus obras como un tatuaje sólo entrevisto, pero siempre presente.
“Todo pasa y todo queda” y algunos buscamos modos de aprender de lo pasado, de escudriñar los hechos en busca de ciertas constantes que nos permitan vislumbrar el funcionamiento de lo real, un porqué fundamentado en la experiencia y la reflexión en lugar de la fe y la revelación. Ya habrás tenido noticia de la “campaña atea”, importada desde el Reino Unido, que pasea en los autobuses de varias ciudades. No me parece mal que los no-creyentes, que diría Obama, hagan proselitismo de sus ideas, ni que sea un ataque virulento contra la Iglesia y una incitación a la discordia, como enseguida se ha puesto a ladrar la Cope. O sí. Con el inmenso potencial mediático que posee la Iglesia, un pequeño y banal mensaje en el costado de unos autobuses no parece que pueda hacerle mella. Pero el surgimiento de iniciativas de este tipo, publicitadas por los medios de comunicación e Internet, puede convertirse pronto en una plaga más difícil de reprimir. Lo que clérigos y militares temen más es la curiosidad y, con ella, el pensamiento y el obrar independientes.
Ya sabes que mi grado de religiosidad es nulo pero aún así me interesa el fenómeno religioso como una sorprendente inclinación del ser humano que, aun cuando derive a menudo en fanatismo y violencia, también alumbra enormes muestras de humanidad. Y aunque soy ateo la campaña en cuestión me gusta más bien poco. “Probablemente Dios no existe. Deja de preocuparte y disfruta la vida”. ¿Por qué ese melindroso “probablemente”? En cuanto a lo de disfrutar de la vida, Rafael Sánchez Ferlosio lo comenta hoy en sus bienvenidos pecios:
“(Creyentes en la inexistencia) Ahora salen con el eslogan "Probablemente Dios no existe; deja de preocuparte y goza de la vida". No sé lo que es hoy en día "gozar de la vida" como no sea gastar dinero y hacer el mamarracho para sofocar el mortal aburrimiento de un mundo malvendido. Pero lo malo de la fe no es que Dios dé preocupaciones, sino todo lo contrario: Dios quita preocupaciones; Dios inhibe, enajena, insensibiliza, embrutece.”
Aún así, se echa de menos en el discurso público más muestras auténticamente laicas de pensamiento (y, por supuesto, descarto las boberías progres y à la page del socialismo reinante), voces cultas e inteligentes que hablen de ciencia, investigaciones y hechos en lugar de, como Obama en su discurso de investidura, Dios, fe y destino.
En fin, me he ido por los cerros de Úbeda porque de lo que quería hablarte es de la vigencia de los clásicos de la literatura. Hay una tendencia general (de la que yo también soy víctima) a “estar al día”, a consumir las novedades en detrimento de las obras clásicas. Sin embargo, una lectura atenta nos revela la modernidad de algunos autores antiguos, su clarividencia a la hora de fijar los dilemas de su época que también son los nuestros. A la hora de entender las reglas de la existencia de las que hablaba al comienzo, los autores clásicos son una guía mucho más útil y completa que la gran mayoría de nuestros contemporáneos, en su mayoría miopes y sin talento. Un ejemplo excelente es el libro que acabo de leer del gran Ovidio: Amores. Arte de amar, en excelente edición de Juan Antonio González Iglesias. En él nos cuenta, con claridad y pragmatismo, muchas de las costumbres amorosas de la Roma de su tiempo: los usos en la cosmética y la indumentaria, cómo iniciar el cortejo, el uso de alcahuetas, lamentos por haber golpeado a la amada, forzar a las mujeres cuando dicen “no” con la boca pequeña e incluso insta al marido de la amada a guardarla mejor para que la infidelidad con el poeta sea más excitante. Te copio una variación del carpe diem dedicado a las mujeres para que no se hagan las estrechas:
Ya ahora acordaos de la vejez futura: así ningún momento se os marchará vacío. Mientras podéis y, todavía ahora, aparentáis los años que tenéis, divertíos. Los años se van igual que el agua cuando fluye. Ni hacia atrás volverá el agua pasada, ni puede retornar la hora pasada. Hay que sacar partido de la edad: se desliza la edad con raudo pie, y la que después sigue no es tan buena como la precedente. Estos arbustos que ahora están canosos, los he visto floridos de violetas. De esta espina de ahora, una grata corona me ofrecieron. Vendrá un tiempo en que tú, que cierras ahora la puerta a los amantes, yacerás vieja y fría en la noche abandonada. No romperá tu puerta una pelea nocturna. Tampoco encontrarás por la mañana rosas en tus umbrales esparcidas. Qué temprano, ay de mí, con las arrugas quedan los cuerpos flojos, y se pierde el color que en su rostro espléndido hubo.
Esas canas que juras que tenías cuando eras virgen aún, súbitamente se esparcirán por toda tu cabeza. Se desprenden a un tiempo las serpientes de la vejez y de su fina piel, y al caérseles los cuernos, no envejecen los ciervos. Mas nuestros dones huyen sin remedio. Coged la flor, porque si no se coge, por sí sola caerá, horriblemente. Añade a ello que también los partos vuelven más breve el tiempo en que eres joven; con continuas cosechas envejece un terreno.
(…)Continuad el ejemplo de las diosas, vosotras, las que sois de mortal linaje, y a los hombres deseosos no neguéis vuestros goces. Incluso aunque os engañen, ¿qué perdéis? Todo queda. Aunque sean mil los que lo gozan, nada de ahí se pierde. (…)¿Y hay mujer, sin embargo, que al hombre le responde: ”no se puede”? ¿Qué pierdes, dímelo, excepto el agua con la que te lavas? Y estas palabras mías no os prostituyen, sino que evitan miedo a falsos daños. Vuestros dones no causan daño alguno.
El otro día estuvimos hablando de Vasily Grossman. La lectura de su “Vida y destino” ha llevado a cotas insospechadas mi capacidad para ‘sentir’ con un libro. Sé que a ti te pasa con alguna película y que yo siempre te he dicho que nunca me había pasado a mí… con este libro ha llegado ese momento.
Vasily Grossman tiene una capacidad para trasladar al lector unos sentimientos que nos llevan de la libertad total de la estepa calmuca a la capacidad de traición de los provocateurs (que llegan a ser familiares o amigos íntimos), pasando por al omnipotente poder que puede sentir un tirano como Koba.
Creo que toda introducción es superflua:
“¡La estepa calmuca! Antigua, noble, creación de la naturaleza donde no existe ni un color estridente, ni un solo trazo duro, abrupto, incisivo en su relieve donde a sobria melancolía de los matices que van del gris al azul pueden competir con el titánico torrente de colores del bosque otoñal, la estepa donde las mórbidas y apenas onduladas líneas de las colinas ejercen una fascinación mayor que las cordilleras del Cáucaso, donde los lagos avaros atesoran en su seno aguas antiguas, oscuras, tranquilas que parecen expresar la esencia del agua mejor que todos los mares y los océanos…
[…]
En primavera la estepa joven, cubierta de tulipanes, es un océano donde no rugen las olas sino los colores […]
Y en las noches de verano en la estepa puedes ver en toda su altura el rascacielos galáctico […] La estepa tiene una particularidad maravillosa. Esa particularidad vive en ella, invariablemente, ya sea al alba, en invierno, en verano, en sombrías noches de lluvia o bajo el claro de luna. Siempre y por encima de todas las cosas la estepa habla al hombre de la libertad… La estepa se la recuerda a aquellos que la han perdido”.
“La hora de su poder (de Stalin) había llegado […]
[…]Se decidía la suerte de los prisioneros de guerra alemanes, que serían deportados a Siberia. Se decidía la suerte de los prisioneros de guerra soviéticos en los campos de concentración alemanes, quienes gracias a la voluntad de Stalin compartirían, después de su liberación, el destino de los prisioneros alemanes.
Se decidía la suerte de los calmucos y de los tártaros de Crimea, de los chechenos y los balkares deportados por orden de Stalin a Siberia y Kazajstán, que habían perdido su derecho a recordar su historia, a enseñar a sus hijos su lengua materna. Se decidía la suerte de Mijoels y su amigo el actor Zuskin, de los escritores Berguelsón, Márkish, Féfer, Kvito, Nusinov, cuyas ejecuciones debían preceder al funesto proceso de los médicos judíos con el profesor Vovsi a la cabeza. Se decidía la suerte de los judíos salvados por el Ejército Rojo, contra los cuales en el décimo aniversario de la victoria popular de Stalingrado, Stalin descargaría la espada del aniquilamiento que había arrancado de las manos de Hitler. Se decidía el destino de Polonia, Hungría, Checoslovaquia y Rumania. Se decidía el destino de los campesinos y obreros rusos, la libertad del pensamiento ruso, de la literatura y las ciencias rusas”.
“.. Guétmanov dijo:
-Lo que nunca olvidaré, Piotr Pávlovich, es la manera en la que retrasaste el ataque […]. Hiciste esperar a Stalin, y así fue como penetramos en la brecha sin perder un solo tanque ni un solo hombre. Es algo que no olvidaré en la vida.
Por la noche […] Guétmanov fue a ver al jefe del Estado Mayor y le dijo:
- Camarada general, he escrito una carta donde informo de la actitud del comandante del cuerpo, que retrasó por propia voluntad ocho minutos el inicio de una operación decisiva, de grandísima importancia; una operación capaz de decidir el destino de la guerra. Se lo ruego, tenga en cuenta este documento.”
Sigue con salud, tu amigo,
S.
Pd: Estoy terminando "Todo fluye", que se podría decir que es el colofón de "Vida y destino". Ya lo comentaremos.
Hablando de tullidas mentales, busco y encuentro una anécdota de Haydée Santamaría, alta funcionaria cubana y “heroína de la Revolución”, en palabras de Guillermo Cabrera Infante, quien narra esta edificante historia en su libro Exorcismos de esti(l)o:
MARX AND ANGELS
La señora posiblemente acababa de salir de la peluquería: uno nunca sabe con ella. Aunque bien mirada parecía que no había estado nunca en una peluquería. Si se la conocía, se veía que siempre parecía que no acababa de salir de la peluquería. Aun cuando acabara de salir. O de entrar.
La señora tal vez acababa de salir de la peluquería. Nunca se supo. Lo único que se sabe es que miró al escritor y al poeta y con elmismo gesto de ensartarse una mecha rubia a su cabeza para decirles histórica con una entonación inocente pero culpable y tal vez inocente, en falsete:
-¡Lo que es la ignorancia! Hasta hace muy poco yo creía que Marx y Engels eran una sola persona. Ustedes saben, como Ortega y Gasset.
Si los de nuestra monarquía bananera son de chiste, nuestros amiguísimos comunistas son de juzgado de guardia.
Como contraposición te propongo otro discurso que, como dice Santiago González, "merece mármol":
"Cuido tanto el hablar, el hablar, que hablo peor, porque si hablara como siempre he hablado pues y no quisiera hablar despacito para no saltarme determinadas terminaciones que me las sigo saltando y demá, pué me costaría menos porque pienso más rápido que estoy hablando y entonces y entonces se me va… eh… el hilo de la… intervención."
Magdalena Álvarez, Ministra de Fomento.
Pd: Siempre he oído que cada pueblo tiene los gobernantes que se merece... Machado se equivocaba, no somos un país de "charanga y pandereta", Somos un país de chiste.
Nada mejor para empezar el año que el maravilloso discurso que William Faulkner pronunció en la ceremonia de recepción del premio Nobel.
Siento que este premio me ha sido otorgado, no a mí como persona, sino a mi trabajo: a una vida de trabajo en la agonía y el sudor del espíritu humano, no en procura de gloria y menos aún de dinero, sino de crear, a partir de los materiales del espíritu humano, algo que no existía antes. Por eso, no soy más que un guardián de este premio. A su parte representada en dinero no será difícil encontrarle una destinación acorde con el propósito y el significado que le dan origen. Pero querría hacer lo mismo con el reconocimiento, usando este momento como un pináculo desde donde me escuchen los hombres y las mujeres jóvenes que ya están dedicados a las mismas angustias y tribulaciones que yo, entre quienes está aquel que algún día ocupará el mismo lugar que ocupo ahora.
Nuestra tragedia de hoy es un miedo físico general y universal tan largamente padecido, que a duras penas lo podemos soportar. Ya no quedan problemas del espíritu; tan sólo una pregunta: ¿cuándo seré aniquilado? Es por eso que el hombre o la mujer joven que escribe actualmente ha olvidado los problemas del corazón humano en conflicto consigo mismo, que solos bastarían para producir buena escritura porque son lo único sobre lo cual vale la pena escribir, lo único que justifica la agonía y el sudor. Debe aprenderlos de nuevo. Debe enseñarse a sí mismo que lo más despreciable de todo es tener miedo; y una vez aprendido, olvidarlo para siempre sin dejar espacio en su taller para nada distinto de las verdades y certezas del corazón, de las verdades universales sin las cuales cualquier relato es efímero y fatal: el amor, el honor, la piedad, el orgullo, la compasión, el sacrificio. Mientras no lo haga, su trabajo está bajo maldición. No escribe sobre amor sino sobre lujuria, sobre derrotas en las que nadie pierde nada valioso, sobre victorias sin esperanza y, lo peor de todo, sin piedad ni compasión. Su dolor no llora sobre fibras universales y no deja huella. No escribe con el corazón; escribe con las glándulas.
Mientras no aprenda estas cosas, escribirá como si estuviera viendo el final del hombre e inmerso en él. Me rehúso a aceptar el fin del hombre. Es demasiado fácil decir que el hombre es inmortal simplemente porque permanecerá; que cuando repique y se desvanezca el último campanazo del Apocalipsis con la última piedra insignificante que cuelgue inmóvil en la agonía del fulgor del último anochecer, que incluso entonces se oirá un sonido: el de su voz débil e inagotable, que seguirá hablando. Me niego a aceptarlo. Creo que el hombre no sólo perdurará, prevalecerá. Es inmortal, no por ser el único entre todas las criaturas que posee una voz inagotable, sino porque tiene un alma, un espíritu capaz de compasión y sacrificio y fortaleza. El deber del poeta, del escritor, es escribir sobre estas cosas. Tiene el privilegio de ayudar al hombre a resistir aligerándole el corazón, recordándole el coraje, el honor, la esperanza, el orgullo, la compasión, la piedad y el sacrificio que han enaltecido su pasado. La voz del poeta no debe ser solamente el recuerdo del hombre, también puede ser su sostén, el pilar que lo ayude a resistir y a prevalecer.
Acabo de ver la temporada primera de Sons of Anarchy, trece episodios apasionantes que pronto se prolongarán en una segunda. Es sorprendente observar el inteligentísimo reciclaje al que se ha sometido la televisión estadounidense, invirtiendo el dinero y el esfuerzo no en programas chuscos, tocapelotas públicos a un paso de la oligofrenia, realitis inmundos o series destinadas al sector más acéfalo de los repetidores de la ESO. Nada de eso: cediéndole la responsabilidad mayor al guionista (el cual ha podido formar un sector profesional propio con capacidad para exigir mejoras laborales y poner en jaque a toda la industria de la producción de series, una de las más rentables hoy día), las cadenas pagan por buenas historias, sin importar el tema ni el contenido. En vez de tomar al espectador por un imbécil (juego al que el espectador le encanta participar, no toda la culpa va a ser de las distintas cadenas), se le presupone inteligencia (como el valor al soldado) y se le ofrecen series de altísima calidad con toda suerte de conflictos, escenas desagradables, sexo a la vista y cualquier cosa que repugne a un público disneyano o “familiar”.
No siempre la apuesta sale bien: una serie de tanta calidad como Swingtown, acerca de la revolución sexual de los 70 (swingers: dícese de aquellas parejas que se dan a intercambios sexuales con otras) y realizada, según tengo entendido, en una cadena poco dada a tratar cuestiones semejantes, finalizó su primera temporada con unas cifras de audiencia más bien bajas, lo cual quitará a la cadena las ganas de meterse en otra aventura como ésa. Los experimentos en casa y con gaseosa. En Estados Unidos la criticaron precisamente por demasiado “setentera”, es decir, por ambientarla tal vez demasiado bien. Probablemente sean los mismos que cuando ven una película histórica se quejan de que en el 70 a.C. la legión no se ponía en esa formación sino en tal otra. A mí me ha parecido una historia muy interesante, con actores en ocasiones magníficos (cuánto son capaces de decir los ojos de Molly Parker, quien por cierto también aparece en Deadwood, a ver si empiezo a verla ya) y en la que el esquematismo inicial de los protagonistas va dando paso a nuevas e insospechadas posibilidades. En fin, la última noticia que tengo es que la serie ha sido adquirida por otra cadena que produciría la segunda temporada. Gratias agimus tibi…
Cartel de Swingtown
En un pueblo californiano, Charming, una banda de moteros, los Sons of Anarchy (SoA), se ocupa de mantenerlo seguro, sin tiroteos ni tráfico de drogas. Jackson “Jax” Teller (Charlie Hunnam), hijo de un fundador de la banda ya muerto, encuentra un manuscrito de su padre en el que cuenta cómo los SoA se desviaron de su propósito original: de un ideario libertario y anarquizante, pasaron a constituir una especie de mafia financiada mediante el tráfico de armas, obligada al asesinato y a toda clase de negocios ilegales conchabada con el corrupto sheriff del pueblo. Clay Morrow (Ron Perlman, cómo se parece a Tom Waits), también un fundador, amigo del padre de Jax y casado con la madre de éste y ex-esposa de su amigo, Gemma (Katey Sagal, la Peg de Matrimonio con hijos), dirige la banda con determinación y astucia. Varios acontecimientos inesperados llevarán al enfrentamiento entre Jax y Clay.
Desde hace mucho pienso que el gran tema de la ficción americana, con sus variantes y subtemas, es la familia. Supongo que en todas partes será parecido, pero debido a la ubicuidad de la producción cultural estadounidense no hay sociedad que haya mostrado más las miserias de la familia, lo mal entendida y poco evangélica que es la idea de familia al modo yanqui y, en fin, la fuente interminable de infelicidad y amargura que supone. Entiendo el género mafia/bandas/hermandades etc. como un subtema de “familia”. En cualquier película de ese tipo, empezando por El Padrino, se muestra la espantosa constricción a la que tales familias someten a sus miembros, mucho peor que la que pudieron soñar nunca los puritanos fundadores de la nación. Conceptos como fidelidad y deuda son causa de las mayores atrocidades. Se invoca siempre la seguridad como motivo mayor por el que entrar en una de tales organizaciones, seguridad frente a la impersonalidad del sistema; en efecto, en el seno de tales bandas todo se hace de manera personal y “familiar”, incluso las más grandes inhumanidades. La renuncia de Jax a formar parte de ese engranaje hará que entre en conflicto con los elementos más “ultra” de los SoA.
Espero que alguna lumbrera de nuestra t.v. patria se le ocurra comprar los derechos de esta excelente serie (los de Swingtown ni se me ocurre, ese día llovera fuego del cielo) o si no, mejor aún, descárgatela de Internet en versión original subtitulada, que es como yo he visto ambas. Acabas detestando los doblajes españoles, siempre con las mismas voces y malísimos en su mayoría.
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“Error paralelo frecuente en toda clase de narrativa, producto asimismo de la fuerza de la inercia: considerar la vida como cristalización de momentos decisivos más que como un proceso, error que, en el plano de la creación, lleva a centrar el relato en un argumento articulado como un organismo, a encuadrar el ambiente en que se desarrolla igual que si se tratara de una fotografía, a ceñirse al tiempo que la realidad exigiría de los hechos relatados más que al exigido por su expresión literaria propiamente dicha, a aislar, a abstraer, a olvidar que junto a una cosa hay siempre otra, y otra contrapuesta y otra colateral y otra anterior que la contradice y niega, que la altera y confunde hasta el punto de obligarnos a considerar la hipótesis inicial, la cuestión de si es realmente la estructura un instante del proceso o es el proceso una mera línea de la estructura.” LUIS GOYTISOLO, Antagonía 2: Los verdes de mayo hasta el mar.
Una parte considerable del mejor cine que se filma hoy día viene de Asia. Directores como Kim Ki-Duk o Zhang Yimou nos muestran películas absolutamente personales, con un mundo diferenciado y coherente. De todos ellos mi favorito es el honkonés Wong Kar-Wai, del cual se estrenó ayer en España, con más de un año de retraso, My Blueberry Nights.
Wong ha entrado en el siglo XXI en un momento de auge creativo; todos los motivos que aparecían en sus primeras películas (la visión estetizante del Hong-Kong de los 60, la caracterización de ciertos momentos con la música, la muestra del amor a través de elipsis temporales…) se condensaron con brillantez en dos obras maestras: Deseando amar (In The Mood For Love, 2000) y 2046 (2004). Ambas comparten personajes ( y actores), tiempo y lugar, temas… Y hay que resaltar, especialmente, la extraordinaria banda sonora no sólo de estas dos películas, sino de toda la filmografía de este director. Como muestra, te dejo el tema I´m In The Mood For Love de Bryan Ferry (que no sé por qué cojones no sale en la banda sonora) y una maravilla que no debes perderte: la versión del gran bolero Perfidia interpretada por la orquesta de Xavier Cugat (con algunos arreglos, si no me equivoco).
Si todas sus películas anteriores fueron de realización asiática, para My Blueberry Nights cruzó el Pacífico y realizó un film ambientado en Estados Unidos, con música esencialmente de jazz y actores occidentales: Norah Jones (autora en parte de la banda sonora), Jude Law, Natalie Portman, David Strathairn (al que recordarás de Buenas noches y buena suerte), Rachel Weisz… Si las en las películas que he mencionado antes los hechos se desarrollaban preferentemente en pensiones y hoteles, ahora nos trasladamos a sitios más americanos: restaurantes de comida rápida, bares, incluso a Las Vegas, donde vemos a una Natalie Portman jugadora profesional sin mucha suerte.
En My Blueberry Nights se entrecruzan varias historias, sirviendo como hilo conductor el personaje de Norah Jones, Elizabeth, una chica que tras un desengaño amoroso inicia un peregrinaje en busca de sí misma. Conoce en primer lugar al dueño de un restaurante, Jeremy (Jude Law), quien se enamora de ella y recibe las postales que ella le va mandando desde los distintos sitios en los que va a dar. Elizabeth cambia de ciudad y, aquejada de un insomnio crónico, trabaja de día en un restaurante y de noche en un bar. En ambos sitios coincide con Arnie (David Strathairn), guardia de tráfico de día y de noche un borracho impenitente, incapaz de olvidar el abandono de su mujer. La historia de Arnie me parece la más interesante de todas, remarcada además por una extraordinaria interpretación de Strathairn que deja muy atrás al resto de actores. Elizabeth se dirige esta vez a Las Vegas, donde traba amistad con Leslie (Natalie Portman), jugadora profesional, como ya te he dicho.
No puedo contarte mucho más ya que vi la película en el ordenador hace varios meses, cansado de esperar a que la estrenasen en el cine. Manda huevos que uno de los directores más importantes y prestigiosos tenga que esperar más de un año a que estrenen su película. ¡Y eso que se supone que es su peli más “comercial”, al estar realizada por primera vez en occidente! En fin, como valoración general puedo decirte que no me parece a la altura de 2046 pero aún así es un film excelente, con momentosinolvidables, especialmente en la historia de Arnie. La banda sonora como de costumbe es muy emotiva. Así que para resarcirte de todas las putas mierdas que habrás visto últimamente en el cine (porque te gustan, lo sé) vete a ver este peliculón ,que al menos habrás invertido bien los 5 ó 6€, o la hostia que te den en Madrid por una entrada.
POSDATA: ahora que caigo en que Jude Law y Natalie Portman aparecen en esta peli, aprovecho para dejar pública constancia de lo escombro que me pareció Closer. ¡Vaya basura de guión y qué sobreactuaciones! Lo único bueno era ver a la Portmanhaciendo de stripper.
Curioseando por aquí y por allá, me encuentro con varios comentarios a la obra de Guido Crepax, clásico imprescindible del cómic europeo. Autor de algunos de los cómics eróticos más memorables y de un icono de pelo corto: Valentina, de quien Norma ha publicado un tomo recopilatorio hace poco. Me remito, en fin, a lo que escribió Rafael Marín en su blog (quien, por cierto, lamentó hace poco la muerte de otro grande de la historieta: Lauzier) y quede esto como un pequeño homenaje.
Si no recuerdo mal, empecé a leer El Juevesa los 13 ó 14 años. Aquella mezcla de actualidad, humor salvaje y picaruelas desnudas es una granada de fragmentación para alguien de esa edad (gran pregunta: ¿por qué a las chicas la historieta que más les gustaba era Clara de noche, sobre las vicisitudes de una puta? Se admiten hipótesis). Lo dejé unos años después porque me parecía repetitivo y falto de ideas. Salvo algunas excepciones (pienso sobre todo en Pedro Vera, esa bomba de barbarie y humor que pare cada semana Ortega y Pacheco) los autores nuevos no me gustaban ni poco ni mucho. Me daba la impresión de que la revista estaba en una etapa de decadencia.
Y he aquí que en un año tenemos varias portadas polémicas que devuelven la publicación al candelero. La primera fue la de los príncipes haciendo uso, que les costó 3000 aurelios.Después otra con la Duquesa de Alba que casi les cuesta otro proceso ( el juez la desestimó; ¿así que la Casa Real sí pero la de Alba no, eh?) y ahora una con nuestro querido negrito Obama que ha llamado la atención hasta en Estados Unidos. Me remito a los comentarios que hace Álvaro Pons en su imprescindible La cárcel de papel. Esperemos que estos muchachos sigan así y nos sigan proyectando internacionalmente (aunque sea para mal).