sábado, 15 de diciembre de 2012

He aquí al héroe


Nuevo artículo en Jot Down, esta vez metiéndome con The Dark Knight Rises, de Nolan. La 1º mitad de la película marca un ritmo implacable alternando la perspectiva entre Gordon, Bane, un Batman jubilado y otras tantas cosas que es difícil apartar la atención. En lo que otra película empieza y acaba, hora y media, Nolan sitúa las piezas en el tablero con mano segura. Atrapa al espectador por el cuello y no lo suelta... hasta que pasamos a la siguiente hora y pico y la película se vuelve más convencional. Uno tiene tiempo de pensar en lo que ha visto. Y pueden observarse una serie de convenciones asumidas obedientemente, algunas costuras, varios de los tópicos del cine de superhérores, a saber: el bien y el mal en compartimentos estancos, el camino de perfección, el derroche de sentimiento. Un capítulo del martirologio adaptado al gusto actual.

El héroe hipersentimental

jueves, 13 de diciembre de 2012

"Panegírico", de Guy Debord


Son habituales en el revolucionario el tono perentorio, el uso de la gama de colores más oscura, la certeza de vivir en el peor de los mundos posibles. Enfrentarse al mundo es una temeridad condenada a la derrota, pues sus recursos son ilimitados y es casi imposible mantenerse puro frente a su contacto. Por otro lado, hay un enorme atractivo en verse como un luchador frente a un poder irresistible, en vivir peligrosamente. ¿Y puede haber un horizonte más radiante, por lejano que esté, que purgar al mundo de todo lo malo que hay en él? En la ruleta de la lucha revolucionaria todo se juega a un número pero con la astucia de poder impugnar el sistema en caso de pérdida: si gana se lo lleva todo; si pierde, ha sido víctima de un amaño.

Guy Debord pertenece a un sector de revolucionarios que podríamos llamar "discursivo". Su obra, exigua pero muy influyente, fue decisiva en el movimiento de mayo del 68. Alrededor de su grupúsculo, la Internacional Situacionista, se juntaron una serie de brillantes pirados pródigos más en gestos que en obras. Debord trata todo esto muy a vuelapluma en su breve y excelente autobiografía Panegírico. Más bien se centra en algunos rasgos de su carácter, en breves apuntes de su vida, en algunas reflexiones sobre todo ello y en intercalar citas. Abundan las relacionadas con la estrategia militar, una de las obsesiones de Debord, quien llegó a inventar un juego de estrategia, el Kriegspiel. Ya algunos le acusaron de ser un astuto y esquivo jugador de ajedrez que movía a las personas desde la sombra.

La imagen que de sí mismo ofrece es algo diferente: una gran inteligencia que muy esporádicamente se encauza en una obra concreta y que tiende por el contrario a la pereza, la bebida y las malas compañías -¿y quién no? Debord se deleita en la descripción de los muy variados personajes que se ha encontrado en las zonas menos recomendables de las ciudades por las que ha pasado. Y elogia las virtudes de los litros y litros de alcohol que ha ingerido en busca de "lo que hay más allá de la ebriedad violenta, una vez se ha franqueado ese estadio: una paz magnífica y terrible, el verdadero sabor del paso del tiempo". Pocas apologías del borracho habrá más elocuentes aunque no puedo evitar pensar que, en este aspecto, Debord se muestra un tanto ancien régime respecto a los jóvenes que en esos mismos años exploraron las maravillas de los alucinógenos. Pero, en fin, no puedo dejar de entenderlo: su culpa es la mía.

Debord enlaza su estilo claro y elegante con la prosa clásica francesa. Abundan en el texto las citas de distintos memorialistas, de Montaigne y, fuera de las letras francesas, de autores muy de su predilección como Gracián y Clausewitz. El Tomo segundo se compone únicamente de fotografías, tal vez a la manera de Breton en Nadja, quien así se ahorraba las descripciones. Hay imágenes del autor, de algunos de sus amigos y, sobre todo, de los lugares por los que se ha movido. Todo ello compone un breve volumen excelentemente escrito que recorre de manera caprichosa los hitos de una vida. Y es que no es necesario dar muchas vueltas, resume un socarrón Debord,

Tengo una clase de espíritu que de entrada me lleva a asombrarme de ello, pero hay que reconocer que muchas experiencias de la vida no hacen más que corroborar e ilustrar las ideas más convencionales, que ya antes habíamos podido encontrar en numerosos libros, pero sin darles crédito. Evocando lo conocido por uno mismo, no hará falta, por tanto, buscar exhaustivamente aquella observación nunca realizada o la paradoja sorprendente. (p. 109)

Guy Debord, Panegírico. Tomos Primero y Segundo
Prólogo de Greil Marcus
Traducción de Mireya Hernández Pozuelo, Tomás González López, Amador Fernández-Savater y Álvaro García-Ormaechea
Acuarela Libros & A. Machado Libros

sábado, 8 de diciembre de 2012

Hasta reventar


En alguna de las novelas de Vázquez Montalbán, el detective Carvalho reflexiona acerca del carácter mortuorio de la gastronomía. Los mercados son enormes depósitos de cadáveres por los que el comprador se pasea en busca del mejor ejemplar para llevarlo a casa y, tras una cuidadosa preparación, disfrutarlo en compañía de un buen vino -y de otra persona, si surge. Así, nuestro arte culinaria se asienta en una interminable matanza, confirmando de nuevo el aserto de Benjamin: Todo documento de cultura es a la vez un documento de barbarie. Por supuesto, mientras Carvalho teoriza se dedica a preparar uno de esos suculentos platos por los que da tanta hambre leer sus libros. Y creo que por el camino lanza una pulla a los santurrones vegetarianos hablando de los "gritos de un apio cuando es arrancado" o algo así.

Personalmente no tengo problema en comerme cualquier cosa que ande, nade o se arrastre pero mi hambre y mi precaria cultura gastronómica sí que se han visto a prueba con La gran comilona (La grande bouffe, 1973) de Marco Ferreri. Cuatro amigos quedan un fin de semana en una casa con un objetivo en mente: comer hasta morir. Son nada menos que Ugo Tognazzi, Philippe Noiret, Michel Piccoli y Marcello Mastroianni. En una recargadísima y oscura casona burguesa de principios de siglo, el cuarteto se dedica a cocinar los más elaborados platos y a comérselos sin parar. El cocinillas del grupo, Ugo, prepara almuerzos, comidas y cenas, carnes y pescados, con una dedicación ejemplar. Y en cantidades industriales. Y los cuatro elogian las bondades de la pitanza mientras engullen y engullen. Hablan de aromas y sabores, de la calidad de la carne y de los licores ideales para marinarla.  Aún hay hambre, el gusto no está abotargado y es capaz de distinguir.

Pero no sólo de pan vive el hombre. Mientras disfrutan de la comida, los tragones ven unas diapositivas pornográficas y discuten acerca de la conveniencia de traer a unas putas. Y además se les une una maestra de escuela (Andréa Ferréol) que se suma con entusiasmo a la causa del cebo y que pasa de uno a otro satisfaciendo sus apretones sexuales. Las prostitutas llegan, participan brevemente en la orgía y se marchan espantadas por la determinación de los otros comensales, cuyos cuerpos empiezan a resentirse de los excesos: eructos, pedos y vómitos estallan con naturalidad. Pero nada interrumpe el festín: el ahora quinteto da cuenta de un manjar tras otro sin descanso. 

He tenido que ver esta película en varias tandas por el malestar que me producía. Una sensación de hartazgo, de asco ante la comida, peor que en la más desbocada de las bodas. Cada nuevo plato, cada bocado es como un golpe en el estómago. El negro nihilismo de los personajes (muy bien representado por las caras de lunático de Mastroianni) parece relacionarse con el discurso antiburgués y anticonsumista de los años posteriores al 68. Los cinco comensales tienen profesiones sólidas y respetables, la casa es un museo del mal gusto por saturación de bibelots. A la angustia del ambiente contribuye la oscuridad de la fotografía. Hay quien relaciona esta odisea con cierto rechazo del conformismo y lo establecido (como el autor de este estupendo artículo) pero no acabo de ver qué rebeldía hay en estos cuatro capones que van perdiendo la cabeza a medida que zampan. Más bien me parece que su proyecto, junto con las parodias que van haciendo de los logros culturales como Hamlet o El Padrino, se resume en pura voluntad de destrucción. No hay vida más allá de ese fin de semana, de esa casa, de ese banquete.

Este elogio del hartazgo y de la desmesura es al fin una película muy interesante. Ferreri dio un guión esquemático a los actores y dejó la mayor parte a la improvisación. Causó mucha polémica en su estreno, con razón: esta mezcla de nihilismo, sexo y heces no resulta fácil de ver ni siquiera hoy. Yo se la recomiendo aunque me gane enemigos para siempre.

martes, 4 de diciembre de 2012

Nadie conoce a Cogan


Hay mucho donde escoger en el catálogo de Libros del Asteroide pero para mí era La Editorial de Léo Malet. Rendido hace mucho ante las adaptaciones que Jacques Tardi ha hecho de los casos del detective Nestor Burma, me he abalanzado sobre los volúmenes que han ido apareciendo en castellano y espero salivando los siguientes. En ellos podemos ver el París de los años 40 casi adoquín por adoquín acompañando al lacónico Burma. Ahora Libros del Asteroide es La Editorial de Léo Malet y de George V. Higgins después de leer entre carcajadas y tensión Mátalos suavemente (Cogan's Trade, 1974).

En las reseñas que provocó la reciente adaptación de Andrew Dominik (aquí el tráiler) di con otra adaptación de un libro de Higgins hecha por Peter Yates (el de Bullit), The Friends of Eddie Coyle (1973), cuya ambientación me ha parecido muy similar a la de Mátalos suavemente. Ésta comienza con tres tipos planeando un atraco a un local clandestino de cartas. Es un golpe rápido, limpio y sustancioso, y, por si fuera poco, nadie sabrá que ellos son los responsables. Llevan a cabo el atraco y todo sale de acuerdo al plan. Por su parte, los dueños del local encargan la búsqueda de los culpables a Jackie Cogan, un tipo de quien nadie sabe muy bien qué responsabilidades tiene. Cogan es un sicario meticuloso y perspicaz y se lanza tenazmente a la caza de los atracadores. La trama se desarrolla así en dos direcciones: por un lado los atracadores han de mantener un perfil bajo y esperar; por otro Cogan investiga y descarta pistas falsas. Y todos son conscientes de que el cerco se estrecha progresivamente.

Dejando aparte algunas escenas de violencia descritas con mucho detalle, en Mátalos suavemente pasan pocas cosas. La novela se sostiene en la incontenible verborrea de sus personajes, criminales de medio pelo que no pueden evitar contarle su mierda de vida a quien tengan al lado, desde sus chanchullos en la cárcel hasta los polvos mal echados en libertad, pasando por los brillantes negocios que tienen pensados para un futuro próximo- en el cual se encuentra también, casi sin ninguna duda, la cárcel. Higgins dibuja magistralmente los diversos caracteres sólo dejándolos hablar, logrando momentos descacharrantes y a la vez de un agudo costumbrismo. El finísimo oído del escritor captó, durante sus años de abogado, el habla y las miserias de los bajos fondos de Boston. Sus delincuentes son avariciosos, mujeriegos, borrachos y drogadictos y sus debilidades los pierden. Menos Cogan. Él tiene la cabeza fría y cumple con sus obligaciones. Una magnífica novela negra que mantiene la tensión de fondo casi sin que nos demos cuenta.

George V. Higgins, Mátalos suavemente
Traducción de Magdalena Palmer
230 pp.
Libros del Asteroide

sábado, 1 de diciembre de 2012

Stromboli o la prisionera



En el campo de refugiados de Farfa (Italia) prima la confusión lingüística producto de la abigarrada mezcla humana que la guerra ha ido arrastrando allí. Las precarias traducciones que algunas presas realizan para sus compañeras se complementan con gestos y con el intercambio de mercancías y de cuerpos. Karin (Ingrid Bergman) es una refugiada lituana que acepta casarse con Antonio, un soldado siciliano también cautivo, para poder salir del campo. Ambos se embarcan hacia Stromboli, la pequeña isla de pescadores donde nació y vivió el joven hasta su alistamiento.

Lo que prometía ser un completo cambio de aires pronto revela un aspecto mucho más áspero a medida que el sol y el azul del Mediterráneo dan paso a la negra tierra volcánica de Stromboli. Una naturaleza arrasada por las explosiones recurrentes del volcán parece ir de la mano con las mujeres vestidas de negro, las casas de una hiriente desnudez, la ausencia de vida callejera. El marido se va a la mar y la esposa acostumbrada a las ciudades europeas, a la vida burguesa e intelectual, se halla obligada a acomodar una casa bajo la mirada censora de las mujeres del pueblo, quienes le hacen el vacío por hablar con los hombres o con las mujeres “marcadas”, como una prostituta. Las libertades y los coqueteos de Karin se vuelven contra Antonio cuando el pueblo entero le llama cornudo a ritmo de guitarra.

Aunque Rossellini no ahorra detalles para criticar la cerril y muy machista sociedad italiana, tampoco se priva de deformar el rol tradicional de heroína pintando a Karin como caprichosa y soberbia, voluble y manipuladora. La barrera lingüística que no fue obstáculo para salir del campo de mujeres tampoco impide que consiga ayuda para intentar salir de la isla. Y es que la cámara del director parece detenerse muy a menudo en todos los pliegues del cuerpo de Ingrid Bergman: en sus piernas y sus pies descalzos por la arena, en su pecho alzado por la camisa, en su hermosa mirada el director italiano le enseñaba al mundo las razones por las que se lo pasó tan bien llevando a la actriz al adulterio y al escándalo. Escándalo no sólo entre los puritanos sino también entre los admiradores de las películas neorrealistas de Rossellini, aquellos que defendían la calidad de documento del cine. Stromboli marca la deriva del director hacia un cine más intimista aunque sin ahorrar las escenas testimoniales, como la asombrosa pesca del atún.

Pero la vida pecadora de Karin (con intento de seducción del cura incluido) es sólo la primera estación de un viacrucis a través de la tierra yerma del volcán que conducirá a una revelación espiritual, algo parecido a lo que pasará en Viaggio in Italia. No por nada la película se llama Stromboli, terra di Dio, y efectivamente el paisaje es a menudo un reflejo del sentir de los personajes cuando no les quita el protagonismo, como durante el tremendo estallido del volcán. El gran trabajo actoral de Ingrid Bergman y los figurantes no profesionales, la fuerza del paisaje siciliano y la complejidad de la historia hacen de ésta una película imprescindible. Y vean la pesca del atún si  no me creen.

sábado, 25 de agosto de 2012

Discazos varios

Un poco de buena música para amenizar el final del verano.

Schubert- Octet


En PQP Bach hay un enlace en Rapidshare.

Berg & Beethoven- Violin Concertos


Enlace en Blogger Musical.

Prokofiev & Bartók- Piano Concertos


Enlace en Welcome to my Spirit World

Uri Caine- The Othello Syndrome


Enlace en El rincón de Gúmer

jueves, 16 de agosto de 2012

Libros, películas y homicidios


En JotDown contribuyo a la magnífica serie El libro que leería durante la película que no puedo perderme comentando el reportaje del gran David Simon, Homicidio, y el thriller coreano Memories of Murder, dos trabajos que se complementan muy bien en su tratamiento realista del trabajo policial, muy alejado de la literaturización que es moneda corriente.

miércoles, 15 de agosto de 2012

Vocación


Leo lo escrito y no me gusta demasiado. Espero tener tiempo suficiente para corregirlo, pienso, sabiendo que no me alcanzaría todo el tiempo del mundo porque es muy poco todo el tiempo que le queda al mundo y que, en realidad, el destino de todos nosotros, los escritores que obedecemos al llamado de la vocación y no al afán de lucro, no es más que una continua búsqueda de pretextos para diferir el momento de tomar la pluma.

Rodrigo Fresán, La velocidad de las cosas

sábado, 11 de agosto de 2012

El sushi perfecto

En JotDown comento el fascinante documental Jiro Dreams of Sushi, en el que se muestra el refinado trabajo de Jiro Ono, un cocinero octogenario que ha alcanzado lo más parecido a la perfección en la elaboración de sushi. Tan fascinado he quedado por su figura que en el artículo ni siquiera he comentado las virtudes formales del documental, como su excelente fotografía o una hermosa banda sonora. Aunque eso puede contarse como un éxito del trabajo de David Gelb: centrarse en algo tan fascinante como un hombre que ha alcanzado la perfección en su labor y que el espectador olvide cualquier otra cosa. Un documental magnífico.

La ética del éxito: Jiro Dreams of Sushi

miércoles, 8 de agosto de 2012

Sterling, Cooper, Draper, Price & Joannie

Como de costumbre, alterno los períodos de productividad constante con los de sequía total. Para animarme a tener algo movido el blog en agosto, cuelgo una imagen, tomada de Untublurdeestos, que puede servir como síntesis de la 5ª temporada de Mad Men. Y espero hablar más de ello dentro de poco.