lunes, 22 de febrero de 2010

La mirada perdida

a
Querido S.:

El mito del origen ha estado siempre muy presente en nuestras sociedades. La improbable existencia de un Edén donde sólo había inocencia y la tierra manaba leche y miel ha alimentado multitud de ideas políticas descabelladas. La imposibilidad de fijar la fecha de ese origen hace que pueda llenarse con contenidos tan personales como contradictorios. Sin embargo, hay una arte en el que sí puede rastrearse su comienzo: el cine. Buscar la primera mirada del cine es la ambición del cineasta griego
Theo Angelopoulos en su maravillosa La mirada de Ulises (1995).



El protagonista de la película (Harvey Keitel), un cineasta griego en el exilio, vuelve a su país para hallar tres bobinas perdidas que los primeros directores griegos, los hermanos Manakis, dejaron sin revelar a causa de su muerte. Ese afán le llevará a un largo y accidentado viaje por los Balcanes y por el interior de sí mismo en busca de esa "primera mirada" primigenia e incorrupta. La crisis creativa del director se traduce en la obsesiva persecución del origen, del punto de partida desde el que se abren múltiples posibilidades. Pesan los años y el protagonista busca una manera de desandar el camino y gozar de una liberadora indeterminación.


El protagonista cruza buena parte de los Balcanes repasando la historia reciente de esos países: desde el deshielo comunista a la horrible guerra contra Bosnia-Herzegovina. Sus miedos y ansiedades se reflejan en la historia: el peligroso trámite de cruzar las fronteras, donde cualquier irregularidad real o supuesta podía llevar a la detención y, de ahí, al fusilamiento. El deseo de encontrar una amante en cada mujer. La amistad y la camaradería a lo largo del camino.


Extraordinaria la remembranza de su familia en Nochevieja a lo largo de varios años, con las inspecciones de la policía ya casi rutinarias y los familiares cada vez más escasos. Los recuerdos íntimos se funden con la dura belleza del paisaje y con el trágico acontecer de la Historia. El final de su viaje le lleva a un devastado Sarajevo, donde la crueldad de la guerra y la fuerza con que la población sobrevive le llevan a una dolorosa epifanía.


Impresionante película y un auténtico hallazgo el de su director, Theo Angelopoulos. Predominan los planos larguísimos, lo que da un ritmo pausado y fascinante a la historia. No falta quien le considere pretencioso. Yo más bien le tengo por uno de los mejores directores que están en activo hoy día. Además de la hermosa fotografía, es de destacar la música de Eleni Karaindrou, compositora habitual en los filmes de Angelopoulos. Aquí te dejo una página donde puedes descargarte la películay aquí tienes la banda sonora.



Un saludo,

Á.

No hay comentarios:

Publicar un comentario